catequizando

Estimados catequistas, a lo largo de estos meses hemos profundizado en distintas realidades sobre la tarea prioritaria de la catequesis de iniciar en la fe. Continuamos señalando que, al igual que cualquier proceso iniciático, la IC tiene un principio y un final.

El comienzo de la iniciación en la fe está marcado por la decisión de hacerse cristiano, en el caso de los adultos; o por el nacimiento o los primeros años de vida, en el caso de los niños. Aunque la iniciación, desde el punto de vista sacramental, se cierra al haberse recibido los tres sacramentos: Bautismo, Confirmación y Eucaristía, pastoralmente hay que tener en cuenta que a los doce años, tiempo promedio en el que se concluye la Iniciación en nuestra diócesis, la persona no ha madurado aún, por lo que será necesario seguir acompañándola hasta que llegue a su madurez o adultez humana, cuando quede capacitada para tomar decisiones autónomas y responsables. Esta es la finalidad de la Pastoral con adolescentes y jóvenes.

Con referencia a los adultos, el proceso de IC puede tener un doble final: en el caso de los catecúmenos no bautizados, el RICA (Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos) considera que las catequesis mistagógicas, recibidas después de haber celebrado los Sacramentos de la Iniciación, cierra el proceso con la incorporación plena de los neófitos a la comunidad cristiana, en el caso de adultos ya bautizados que han hecho un proceso de estilo catecumenal, cuando renuevan la profesión de fe, celebran los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía o en ocasiones, si no lo han recibido antes, cuando reciben el sacramento de la Confirmación. En todo caso, hay que mantener que los procesos que se “eternizan” dejan de ser procesos catecumenales para convertirse en una formación permanente, al servicio de una vida cristiana propia de creyentes y adultos.

Por esta razón, el proceso de la IC ha de ser propicio para iniciar de verdad en la fe y en la madurez cristiana. Este tiempo va más allá de una simple preparación para recibir sacramentos, o un cúmulo de conocimientos sobre la doctrina y la fe, es el tiempo de iniciar en la oración, la moral cristiana, la vida en comunidad y la misión.