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Rogelio Vázquez Carmona

En el número anterior, hablamos de la situación actual del Canto Litúrgico, del Canto en las celebraciones litúrgicas que se realizan cotidianamente en las Diócesis de nuestro país. Además se mencionó todo el esfuerzo que se ha hecho para la renovación y adaptación del Canto Litúrgico a lo largo de estos últimos años. Sería injusto no señalar la cantidad de trabajo de valor, tanto en el texto como en la música, realizado por personas competentes, expertas en el Canto y la Música Litúrgica y cuyos trabajos se encuentran en numerosos cantorales a lo largo y ancho de nuestra Patria.

Pero, al mismo tiempo, no podemos dejar de ver la preocupante situación actual. Destacamos tres defectos de estos cantos “litúrgicos”, en cuanto al texto, en nuestros días:

• El individualismo que predomina en la mayor parte de las letras. Predomina el “yo” sobre el “nosotros”, y éste es un aspecto más propio de lo “devocional” que de “lo litúrgico”.

• El sentimentalismo: letras que hablan de seducción, cómplices de miradas de amor íntimo y personal entre Dios y “el yo”. Manifestaciones de este sentimentalismo son cantos con boca cerrada, sonidos tenues, verbos afectivos como sentir, querer; donde se busca el “que el canto te haga sentir bonito, sin buscar la profundización del misterio que se convierta en oración”, etc.

• Vacío espiritual y una teología parcial. Hemos pasado de una teología espiritualista al otro extremo, a subrayar más los aspectos antropológicos que los teológicos: humanismo, lucha por la igualdad, libertad, paz, etc., con pocas referencias al misterio de Cristo que se celebra y se vive a través de la oración cantada.

Si nos fijamos algo en la estructura musical, veremos que son:

• Música con melodías sentimentales y un ritmo monótono. Frases musicales medio terminadas, sin fuerza, propias para cantar entre unos pocos y a media voz, cosa que ocurre así la mayoría de veces. Cualquiera puede componer estos cantos, ya que su estructura armónica y melódica es muy simple, muy semejante al canto comercial popular.

Hemos de afirmar, ciertamente, que, junto a estos cantos, hay otros muchos dignos de ser tenidos en cuenta y que se cantan en nuestras Eucaristías, aun siendo la minoría de los casos. (Continuará).