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P. Otoniel Ochoa Nieto, Coordinador del Sedec

Un saludo afectuoso a todos los catequistas y lectores en general de este espacio destinado a la formación del ministerio de la Catequesis. El jueves pasado celebramos la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, una buena oportunidad para hacer mistagogía del significado de los signos eucarísticos del pan y el vino.

Recordemos que nuestra liturgia está cargada de innumerables signos; sin embargo, no siempre sabemos su significado. Pasar del signo al significado es una definición de mistagogia y en nuestra Catequesis necesitamos abordar estas realidades simbólicas para comprender la riqueza de sus significado. Hagamos pues mistagogia del pan y del vino de la mano de José Aldazábal.

Además del simbolismo que cada uno tiene de por sí, el pan y el vino forman un binomio particularmente feliz para expresar la donación de Cristo a sus fieles en la Eucaristía. Ambos son alimento para la vida, proceden del mundo creado y del trabajo del hombre, son don de Dios y símbolo de la alegría del Reino y de la vida nueva que Cristo nos comunica, así como de la fraternidad que congrega a la Iglesia.

Pero, además, existe entre los dos una complementariedad muy expresiva, que se puede entender fácilmente: El pan calma el hambre, apunta al trabajo, recuerda la corporeidad humana, asegura la subsistencia; compartido, expresa fraternidad, significa la entrega, subraya la cotidianidad, Cristo lo identifico con su Cuerpo; comiéndolo, nos unimos a Cristo. El vino apaga la sed, produce alegría, recuerda la vitalidad anímica, llena de inspiración; compartido, habla de amistad y alianza, puede significar el sacrificio, subraya la festividad. Cristo lo identificó con su Sangre; bebiéndolo, nos unimos a Cristo.

Los dos, el pan y el vino, representan la doble realidad humana, la bi-unidad que somos, la “corporeidad animada”. Al elegirlo, Cristo ha dicho sí a toda la naturaleza humana, con toda su bipolaridad, con su dolor y alegría, con lo material y lo espiritual. Con el lenguaje sencillo y profundo a la vez, del pan y del vino compartidos, Cristo nos está diciendo que quiere darnos, en su Eucaristía, vida, participación en su sacrificio pascual, alegría, alimento. De ellos sí que se puede decir con verdad, juntando su sentido humano y eucarístico: “la tierra ha dado sus frito”.