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P. Leopoldo Sánchez Pérez

 

Los obispos de México, reunidos en su última Asamblea General del Episcopado Mexicano, llegaron al acuerdo de celebrar cada año el “Día del Laico” en la solemnidad de Cristo Rey, con la que se concluye el año litúrgico. En esta ocasión será el domingo 26 del presente mes.

 

Por tal motivo, en los artículos de esta sección durante el mes de noviembre tomaré a los laicos como objeto de nuestra reflexión. Lo haré a partir de una selección de ideas tomadas de la exhortación apostólica post-sinodal Christifideles laici de S.S. San Juan Pablo II y que trata sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo (30 diciembre de 1988).

 

La dignidad de los fieles laicos, considerada desde la óptica de la Iglesia como Misterio, es desarrollada en el primer capítulo de este importante documento. Sin pretender agotar dicho capítulo, les presento una selección de ideas clave que nos ayudarán a recordar y repensar la dignidad de nuestros hermanos laicos.

1. El papa Pío XII afirma lo siguiente al hablar de la identidad de los laicos: “Los fieles, y más precisamente los laicos, se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad humana. Por tanto, ellos especialmente deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia” (CHL n. 9).

 

2. No es exagerado decir que toda la existencia del fiel laico tiene como objetivo el llevarlo a conocer la radical novedad cristiana que deriva del Bautismo. Por este sacramento, los laicos han sido regenerados a la vida de los hijos de Dios para vivir como verdaderos hijos en el Hijo. Han sido unidos a Jesucristo y a su Cuerpo, que es la Iglesia, y, ungidos en el Espíritu Santo, han sido constituidos templos espirituales (Cfr. CHL 10-13).

 

3. Los laicos participan del triple oficio de Cristo. Comparten el oficio sacerdotal por el que Cristo se ha ofrecido a Sí mismo por la salvación de la humanidad para gloria del Padre. Participan del oficio profético que los habilita y compromete para acoger con fe el Evangelio y anunciarlo con la Palabra y las obras. Finalmente, los hace partícipes del oficio real por el que son llamados a servir al Reino de Dios y difundirlo en la historia (Cfr. CHL 14).

 

4. El mundo es el ámbito y el medio de la vocación cristiana de los fieles laicos. No han sido llamados a abandonar el lugar que ocupan en el mundo; el bautismo no los quita de él. Los laicos son llamados por Dios para contribuir, desde dentro, a modo de fermento, a la santificación del mundo mediante el ejercicio de sus propias tareas, guiados por el espíritu evangélico, y así manifestar a Cristo ante los demás, principalmente con el testimonio de su vida (Cfr. CHL 15).

 

5. Todos los fieles laicos están llamados a la santidad. Esto implica que la vida según el Espíritu la expresen particularmente en su inserción en las realidades temporales, y en su participación en las actividades terrenas. Serán santos no huyendo del mundo, sino comprometiéndose con el Reino de Dios; pero desde dentro del mundo, como sal y levadura de Cristo (Cfr. CHL 16-17). 

 

                                                                                                                                                                                         

                                                                                                                                                                                 

   *Vicario Episcopal de Pastoral