family banner

Enrique Rangel Guerrero y Graciela Hilario de Rangel*

La primera fuente de alegría para la familia cristiana es la Resurrección del Señor. Porque Cristo está vivo, no se quedó en el lugar de los muertos, colma el corazón y el alma de cada uno de los miembros de la familia y también a toda familia.

“Familias cristianas, estén siempre alegres, se lo repito, estén alegres. Que todo el mundo note lo comprensivas que son” (Fil 4,4).

“La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia” (Amoris Laetitia, núm. 1).

Y claro que sí, las familias debemos vivir cotidianamente alegres, jubilosas y respirar un ambiente que nos permita a todos, especialmente a los hijos, formar la virtud de la alegría, pensar constantemente en los bienes que tenemos y que Dios nos ha regalado: un hogar, una casa, unos padres, unos hijos, con qué alimentarnos, la vida, la educación, etc., que es expresión de todas las bendiciones de Nuestro Padre. Esto vivido constantemente forma una actitud que desemboca en la virtud de la alegría, uno de los pilares del sistema educativo de San Juan Bosco, que debiera ser el distintivo de todo cristiano.

Porque podríamos también, a fuerza de repetirlo, ser hoscos, malhumorados, pesimistas, desesperanzados, agresivos, siempre viendo lo negativo, reforzando nuestra perspectiva de que todo va mal, en los noticieros, en lo que todo mundo comenta, e introducir como actitud en nuestra familia el mal humor y la tristeza.

Por supuesto que existen muchas razones obvias para tener esperanza, como las grandes capacidades que Dios nos ha dado, la inteligencia, la iniciativa, la creatividad, la cultura a nuestro alcance, la amistad, y con ello lograr un mejor futuro para nosotros, nuestros hijos y nuestros prójimos.

Pero, si acaso esto no bastara, hemos de estar alegres porque Jesús ha resucitado, nos ama y está al pendiente de nosotros y de nuestra familia.

Y “si Dios está conmigo, ¿quién contra mí?”, “el Señor es mi pastor, nada me falta”. En una persona con una fe vigorosa, convencida del amor de Dios porque lo ha experimentado en la intimidad con Jesús, la alegría del amor y la esperanza brillan con luz propia.

Tal vez ocupados en las minucias de la vida, hemos olvidado formar en nuestros hijos el amor a Dios y procurar un encuentro vivo, una relación cordial, natural, con el Señor, como se trata a un amigo, a un padre, a una madre. En esto podemos empeñarnos en el día a día de nuestra vida familiar, encomendarnos a Jesús antes de un viaje, al empezar el día, bendecir los alimentos, antes de estudiar, de este modo la relación con Jesús será algo familiar, natural.

En algunos papás, esto podría generar temor de saturación, de que lleve a los niños al fastidio la oración continua, pero pueden ser, sobre todo en el caso de cuando nuestros hijos son niños, de oraciones breves, frases muy concretas, porque lo importante es la certeza de la compañía amorosa de Nuestro Señor, y no formular largas oraciones, rezos muy elaborados.

¡Y sí, seguro que el sentirnos acompañados, amados por Jesús, nos traerá la serena y gozosa certeza de que todo está bien, de que podemos descansar confiados en sus manos amorosas!

Claro que de esto, los papás también debemos estar convencidos y trasmitir a nuestros hijos la confianza en el Señor y con ello una alegría permanente, no ilusa o ingenua, sino serena y tranquila porque Dios está con nosotros.

Dios es la fuente de la alegría y del amor, a su lado siempre nos sentiremos contentos.

* Coordinadores del Departamento de Pastoral de la Vida (Dipafv-Morelia).