asamblea1

Con la promulgación del Plan Diocesano de Pastoral hasta el 2026 se pretende dar fluidez a las acciones pastorales en nuestra Iglesia diocesana que estructuralmente pueden estar atoradas o que en la mentalidad teológico-eclesial del Pueblo de Dios en bautizados y pastores no se quiera dar este paso de renovación. Sabemos que la propuesta de extender la vigencia del Plan Diocesano hecho en 2010 puede simplificar muchas cosas y exigirnos a cumplir con lo que se quedó en ese tiempo. Pero también corre el riesgo de quedar rezagado ante nuevas realidades y caer en una espiral donde le demos vueltas a los mismos temas o asuntos.

Comoquiera que sea, allí está para catapultarnos pastoralmente a la conversión permanente, principalmente en los agentes de pastoral que más trabajo nos cuesta. Esto es una transición de mentalidad y de metodología en la manera de concebir las realidades eclesiales y divinas. El Plan nos invita y nos recuerda la constante conversión pastoral en nuestras parroquias y comunidades diocesanas. Tenemos prioridades y ejes transversales que nos motivarán a caminar en la constante Pascua pastoral en la Diócesis.

El Plan está para recordarnos que necesitamos dejar de ser menos “rolleros” y más testigos, que evitemos darle tantas vueltas al asunto y que hagamos las cosas según el mandato de Jesús. El Plan necesita reflejar más las acciones que los razonamientos o las bonitas ideas que a veces ahogan y cansan. El Plan nos refleja la invitación evangélica al hacer y a la promoción de Aquel que es su inspiración: Jesús. Es brújula, guía, faro, volante, timón para las parroquias y comunidades de Iglesia en nuestra Arquidiócesis. Es sinónimo de comunión y no de división, reconoce la diversidad y es propositivo en su despliegue técnico y metodológico, aunque su ideal siempre será la participación.