10 1

La historia nos aclara.  Nunca la construcción de muros detuvieron nada.  Dos ejemplos: La gran muralla China construida en la antigüedad para detener a los mongoles: el muro levantado por el imperio romano al norte de Inglaterra para rechazar a los bárbaros de Escocia.  De nada sirvieron.  Fracasaron.  Los mongoles y los caledonianos siguieron adelante, como lo mismo harán los mexicanos, caribeños y musulmanes.

Las migraciones no se realizan por gusto.  El hombre es migrante por naturaleza, pero además estas son creadas por las guerras, los conflictos, desastres, explotación…emigran en busca de mejor vida no depende de las preferencias de los gobernantes, sino de necesidades vitales de las humanos.

Pero el análisis de hoy va en torno al llamado a la unidad.  Todos los sectores, el gobierno, la oposición, empresarios y trabajadores religiosos y laicos, iglesia católica e iglesias en general invitan a cerrar filas en contra de un poder externo como es el gobierno, que apenas lleva dos semanas, del presidente Trump.

Esta repentina, generalizada y apabullante reacción es la natural reacción de un país al sustituirse agraviado, ninguneado y rechazado por la prepotencia imperial.  Los ataques van tanto en lo económico, lo cultural, lo político y social.

Esta propuesta de la unidad debe trascender a lo puramente discursivo, a la pura palabra y llegar hasta posturas más eficientes.  Esta sobre oferta, que hasta ahora ha tenido pocas expresiones contundentes, tiene que llegar hasta concretizarse en la elaboración y puesta en práctica de un proyecto de nación.  Aunque el reclamo de la unidad, ante los tiempos que ya están a la vuelta de la esquina, alcanza a todos los aspectos de la vida del país, nuestra fragmentación política y social que venimos viviendo en la sociedad exige proyectos que nos unifiquen, que canalicen en la unidad actividades eficientes y compromisos unitarios, que concentren esfuerzos.  Se trata de la nación, no de las preferencias partidistas o de los beneficios económicos de instituciones, sino que trasciendan el mero rechazo temporal o sentimental.  Hoy es necesario ponernos de acuerdo para imaginar un proyecto de nación que tienda a solucionar las desigualdades e injusticias que lesionan a nuestra sociedad. 

Esta situación que estamos viviendo necesita una nación fortalecida en sus capacidades productivas, que eleven sustancialmente sus niveles de vida; lo cual requiere de la unificación de todas las fuerzas políticas y sociales.

Y por supuesto necesita de una iglesia que acompañe la búsqueda del bien común; una iglesia que levante su voz con dignidad al lado de los que más sufren; que sea profeta de un proyecto humano profundo; donde no existan laicos adiestrados a la indiferencia, sino muchos sencillos que saben de fe y de esperanza; donde exista mucho servicio humilde a los hermanos más pequeños.  Una Iglesia donde se predique poco temor al Dios del castigo y de la muerte y por el contrario mucho respeto al Dios del amor y de la vida; donde se predique mucho amor y seguimiento a Jesús el de María, Compañero, Profeta, Hijo del Padre.

 

P. Rigoberto Beltrán Vargas